13 de enero de 2012

Poca vergüenza

En este país tenemos muy poca vergüenza, sobretodo los que se dicen políticos. Primero porque pueden hacer declaraciones como esta, sin que automáticamente llegue un inspector de Hacienda a verificar el valor de los regalos. Y segundo porque encima nadie se echa las manos a la cabeza.

En otras democracias más maduras que la nuestra, todos los regalos que se reciben por parte de las autoridades publicas deben ser inventariados y se declaran, incluso hay algunas en las que están prohibidos directamente. Aquí por lo que se vé son moneda corriente entre a los que se quiere influenciar en la toma de decisiones de compra o contratación, o en otros estamentos como la casa Real, no nos olvidemos del yate delRey, que fue un supuesto regalo...

Esto empieza a ser un cachondeo, y esperemos que se tomen las medidas oportunas para que ni trajes, ni jamones, ni yates, ni coches, queden sin inventariar, declararse, y ponerse en conocimiento del público.

Lo que costó el yatecito de recreo